REFLEXIONES DE UN COACH DE MIERDA – CAP. 26

El dolor es inevitable, el sufrimiento opcional

“Sanarse no significa sentirse bien”
Jeff Foster

La premisa budista que da título a este capítulo es la clave definitiva para vivir feliz. Vivir feliz no significa que el dolor no se presente en tu vida. Y aquí se encuentra el origen del error en el que se encuentra la espiritualidad y, practicamente toda la humanidad.

En mi opinión todo proceso de despertar se fundamenta en la profunda comprensión de esta idea: “el dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”.

La historia de la humanidad es la historia de una huida continuada. Generalmente luchamos contra las circunstancias para alcanzar aquello que hemos proyectado como una vida mejor en el futuro. Esta es la razón por la que sucede todo. Guerras, conflictos, debates, malentendidos, alegrías, nostalgias, miedos, dudas, frustraciones, desencantos, vacío existencial… Queremos un mundo mejor. Y es cierto que aparentemente esta batalla para modificar nuestro entorno produce mejoras humanas y progreso.

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En el ámbito personal el funcionamiento es igual. Queremos más prosperidad, mejorar nuestra economía, encontrar a la persona perfecta con la que compartir nuestra vida y construir nuestro futuro, tener buenos niveles de vitalidad, energía y salud y, en definitiva, sentirnos orgullosos de nuestro paso por la tierra. Y también aparentemente, parece que lidiar con los hechos que acontecen sea una buena estrategia para conseguir lo que deseamos.

Hay un porcentaje pequeño de la humanidad que, dolorido, desconsolado y agotado por la energía invertida en el cambio ha podido ver más allá y ha modificado su perspectiva de la realidad porque ha adquirido una visión más amplia del campo de juego.

Son cada vez más las personas que han comprado el lote completo de estudios, coche, casa, pareja ideal, familia perfecta y prosperidad económica y se han dado cuenta de que todo esto no tiene nada que ver con la felicidad. Sino más bien con el ideal social de la felicidad. Aun así el 99% de la población sigue luchando por una vida mejor basada en lograr la riqueza material. Y la verdad, me parece muy digno ver a una persona buscando la mejor versión de sí misma.

“Pienso que todo el mundo debería ser rico, famoso y hacer todo aquello que siempre soñaron. Así podrían darse cuenta que esta no es la respuesta”. Jim Carrey.

Para comprender en profundidad este mecanismo de “búsqueda de la felicidad” es imprescindible remontarse a su origen.

¿En qué momento comenzamos a buscar cosas con el fin de sentirnos felices?

Si puedes remontar tu memoria a la niñez, recordarás que no buscabas respuestas. Y si tu capacidad de recordar está entrenada puede que recuerdes aproximadamente a que edad empezó la huida. Hasta ese momento ni siquiera intuías que tu vida se iba a convertir en un devenir por la mejora de tus circunstancias externas. Además, es posible que incluso percibas como algo natural este trasiego vital que consiste en esforzarse por mejorar tus circunstancias. Y de hecho es natural. Lo es para un determinado nivel conciencial.

Si te has dado cuenta ya de que este no es el camino y de que tu insatisfacción aparece de nuevo tras cada consecución de tus objetivos, tal vez estés empezando a concluir que debe haber otro modo de vivir.

Todas las tradiciones culturales coinciden en que la felicidad está en tu interior. Desde las culturas maya inca o azteca, los sacerdotes griegos, todas las órdenes herméticas, musulmanes, cristianos, budistas, místicos y maestros de todas las épocas y lugares. Estoy totalmente de acuerdo, la felicidad se encuentra dentro de ti. Pienso que la humanidad está en un determinado nivel de conciencia y que el siguiente paso que se está dando por una minoría es recorrer el camino inverso al tradicional, es caminar hacia el interior.

Reconozco que esto puede sonar muy raro. De hecho lo normal es que no te enseñen en la escuela a mirar hacia dentro. Hasta hace poco ni siquiera te enseñaban a identificar y gestionar tus emociones.

Si has leído con atención habrás observado que más arriba he utilizado la palabra huida para referirme al modo más habitual de actuar de las personas. Quiero hacer referencia a que normalmente cuando lidiamos con las circunstancias externas estamos huyendo de ese encuentro con nuestro interior. Pero…

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¿Si
todos queremos ser felices porque solemos evitar ir hacia adentro?

No sabemos como hacerlo o más bien lo hemos olvidado. En mi opinión esto ha sido así porque hemos confundido el dolor con el sufrimiento.

El camino natural del juego de la vida, el que se da por sí solo en más ocasiones, es que nacemos y vivimos una niñez de absoluta presencia hasta que llega un momento (para cada persona es un momento diferente y a una edad distinta) en el que esta presencia comienza a desvanecerse porque las circunstancias del entorno y concretamente los adultos con los que convivimos nos condicionan. De este modo quedamos subordinados a salir de esa presencia y a comportarnos de determinada manera.

La inocencia de la infancia, hipoteca al ser original, en la búsqueda de la aprobación y el afecto de los adultos, los cuales haciéndolo lo mejor que saben en ese momento nos indican lo que está bien y lo que está mal. Aparece la moral, y con ella la insatisfacción existencial. Aprendemos a reprimir lo que sentimos, a comportarnos como no deseamos y a hacer lo “correcto” para sentirnos apreciados, valorados y queridos. En definitiva este es el uso que aprendemos a hacer del amor incondicional que todos llevamos dentro. Y no está mal ni bien, simplemente sucede. Es así como entramos en la mecánica de la búsqueda con el objetivo de recuperar la presencia de la niñez, la felicidad.

Y comenzamos a perseguir las inalcanzables exigencias impuestas por la inconsciente masa social. “Hay que estar más delgado”, “debes practicar deporte”, “tienes que comer cinco piezas de fruta al día”, “dormir ocho horas”, “ser una buena madre”, “ser un padre ejemplar”, “debes ganar más dinero”, “tener un coche mejor”, “rendir mucho en el trabajo”, “estar guapo o guapa”, “no estés triste”, “llévate bien con todo el mundo porque nunca se sabe a quién puedes necesitar”, “ingiere superalimentos”, “no comas dulces”… Y claro, hacer todo esto y más, es agotador y lejos de proporcionarte la felicidad te frustra una y otra vez. Es entonces cuando muchas personas deciden invertir su mirada y mirar hacia su interior.

Cuando llegas a ese momento vital en el que tomas conciencia de que nada de lo que hagas te proporciona verdadera satisfacción, puedes seguir buscando respuestas en ti mismo. Y esto si que funciona, aunque al principio debes sortear una serie de dificultades porque el hábito de evitar(te) lo que no te gusta está sumamente arraigado.

En mi trabajo diario hablo con muchas personas que se sienten insatisfechas sin saber por qué. Y muchas de ellas han iniciado un camino espiritual en el que mediante visualizaciones, afirmaciones, mindfulness, técnicas de relajación, meditación y diferentes disciplinas energéticas han alcanzado el estado deseado, la felicidad.

Pero está sucediendo un fenómeno en alza sumamente importante porque genera mucho sufrimiento en algunos individuos. Las personas cansadas de buscar fuera se introducen en las prácticas espirituales con el objetivo de sentirse bien sin ser conscientes de que pretenden lo mismo que antes pero con otras acciones. Nace el ego espiritual. Muchas de estas personas acaban igualmente desengañadas, frustradas e incluso arruinadas porque aunque estas prácticas al principio les hacen sentir bien, no  adquieren el hábito de mirar hacia su interior. En términos coloquiales se dice que han hecho un bypass espiritual.

¿Qué significa esto?

Sencillamente que la huida continúa. No es correcto ni incorrecto. Simplemente sucede acorde al nivel de conciencia de cada individuo. Aparentemente es la respuesta a nuestras cuestiones. En realidad es un camino que finalmente se agota sin resultados reales.

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Cuando hablo con estas personas, les insisto en que miren hacia adentro, hacia si mismas. Y es entonces cuando se encuentran con todo el sufrimiento negado durante toda su existencia. Y aunque no lo parece este es el camino definitivo.

En realidad es muy simple, aunque puede resultar muy intenso. Tu modo de pensar, tus creencias, nacen del miedo o más bien de pretender evitar ese miedo. Sentir miedo te duele, lo rechazas y es entonces cuando comienzas a sufrir hasta que, normalmente muchos años después, decides sentir el miedo y el dolor se desvanece definitivamente y para siempre. Y la consecuencia es que recuperas la presencia de la infancia.

Los grandes maestros de la humanidad dicen que este es el único trabajo que debemos hacer para ser felices. Reconocer, aceptar y permitirnos vivir todo el miedo que hayamos sepultado en nuestro interior. Y esto es algo que muy pocas personas están dispuestas a hacer. Muchos te dirán que no quieren sentir miedo, otros ni siquiera lo reconocerán y culparán a su padre, a su jefe, al presidente del gobierno, a la sociedad, a su barrio o a su vecindario mientras continúan con su huida de sí mismos.

Para mejorar la comprensión de lo que estoy comunicando voy a poner un ejemplo sencillo. Imagina a un niño feliz, comunicativo, sociable y amoroso que entrega un creativo trabajo de clase a su profesora, la cual le dice que eso es una mierda y que lo repita o lo castigará. Puede ocurrir que este niño sienta miedo ante la amenaza y el rechazo de la persona adulta. Lo normal es que este niño todavía no haya madurado lo suficiente como para reconocer y gestionar este miedo. Es muy común, que ante este tipo de circunstancias los niños prefieran no sentir nunca más ese miedo. Y también es muy probable que en el intento de evitar ese miedo, el niño del ejemplo, obedezca fielmente a su profesora en todo lo que le diga. Es de este modo como aprendemos a evitar el dolor emocional que sentimos y a comportarnos de modo que los adultos que nos rodean se sientan satisfechos y nos proporcionen aceptación, atención afecto, cariño y, por tanto, seguridad. Y todo lo hacemos desde un amor sin condiciones.

Básicamente es así como aprendemos a ser obedientes y seguir el camino que sigue el resto de la sociedad olvidándonos que una vez ya fuimos felices y que recuperar esa felicidad solo es cuestión de reconocer el miedo que ocasiona nuestro dolor. Una tarea sencilla aunque abrumadora en sus primeras fases. Este es el camino hacia adentro.

¿Te atreves a vivirlo?

Acabas de leer el capítulo 26 mi libro Reflexiones de un Coach de Mierda.

Aurelio López Gómez

Escritor, conferenciante formador y consultor en Transgeneracional y Crecimiento personal.

Actualmente tengo publicados dos libros (Transgeneracional aplicado y Reflexiones de un coach de mierda) y cinco ebooks, e imparto conferencias, formación y consultas tanto presencial como online sobre Transgeneracional y Crecimiento Personal.

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